Para mejor comprender la enorme trascendencia que la más reciente
historia ha hecho de Santa Pola una ciudad
próspera y moderna habría que remontarse, a unos siglos
atrás para situarnos en el año 1.557, siendo rey de España
Carlos III, en que D. Bernardino de Cárdenas, duque de Maqueda
y Señor de Elche, mandó poner la primera piedra del Castillo
del Cap del Aljub o de Santa Pola, el cual se tuvo muy en cuenta por estar
vinculado a una mujer romana llamada Paula que marchó a Palestina
y murió en Belén en olor de santidad. De ahí el nombre
de esta villa que todos los
santapoleros han sabido honrar y respetar.


Las atalayas construidas anteriormente a lo largo del litoral, de las
que algunas se conservan todavía, desempeñaron un
papel importante en la estrategia militar, alertando la presencia de
embarcaciones moriscas y piratas a las fuerzas del
Castillo. Con ello se aseguró la navegación en aguas
de esta bahía, considerada desde tiempos remotos como un placer,
en términos marineros, por sus aguas tranquilas y a cubierto
de temporales. No en vano construyeron los romanos el
famoso Portus Illicitanus de la antigüedad.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|