EL CASTILLO

Para mejor comprender la enorme trascendencia que la más reciente historia ha hecho de Santa Pola una ciudad
próspera y moderna habría que remontarse, a unos siglos atrás para situarnos en el año 1.557, siendo rey de España
Carlos III, en que D. Bernardino de Cárdenas, duque de Maqueda  y Señor de Elche, mandó poner la primera piedra del Castillo del Cap del Aljub o de Santa Pola, el cual se tuvo muy en cuenta por estar vinculado a una mujer romana llamada Paula que marchó a Palestina y murió en Belén en olor de santidad. De ahí el nombre de esta villa que todos los
santapoleros han sabido honrar y respetar.

Costó su construcción más de veinticinco mil (25.000) ducados y ayudaron los vecinos en ella voluntariamente, sin cobro
alguno. No se empleó madera, fue argamasa y piedra rústica siendo de notar la cornisa que lo rodea. Fue guarnecido
convenientemente con veinte hombres, entre artilleros, caballería y mandos muy cualificados. Al amparo de éste vinieron
algunos trabajadores que se instalaron en las inmediaciones, pescadores y agricultores que lo habían solicitado al
Consejo de esta ciudad
Este castillo tiene dos puertas construidas una frente a otra, siendo la principal de medio punto y bastante amplia para
facilitar el rápido acceso en caso de peligro, la otra, también de medio punto, y abierta posteriormente, fue construida en
ladrillo. Contaba con un foso y puente levadizo como protección adicional y en el interior de sus muros albergaba el patio de armas y las demás dependencias: capilla, calabozos y alojamiento de la guarnición.

Las atalayas construidas anteriormente a lo largo del litoral, de las que algunas se conservan todavía, desempeñaron un
papel importante en la estrategia militar, alertando la presencia de embarcaciones moriscas y piratas a las fuerzas del
Castillo. Con ello se aseguró la navegación en aguas de esta bahía, considerada desde tiempos remotos como un placer,
en términos marineros, por sus aguas tranquilas y a cubierto de temporales. No en vano construyeron los romanos el
famoso Portus Illicitanus de la antigüedad.


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